lunes, 6 de enero de 2014

Delorean hace escala en Berlín con ‘Apar’

La gira mundial de Delorean (que no incluirá España hasta el año que viene) hacía parada este viernes en Berlín diez días después del lanzamiento de su esperado quinto LP, ‘Apar‘. Ekhi Lopetegi y los suyos desembarcaban con toda su cacharrada en la estación de Schlesisches Tor, en cuyos bajos se encuentra el club Bi Nuu, en pleno corazón de Kreuzberg, y en pleno corazón de la música electrónica europea, hogar de Modeselektor o Ellen Allien. Aquí la oferta cobra dimensiones depredadoras y quizás por eso el pop electrónico de los vascos no hizo del todo pleno en una sala a medio llenar.
Precedidos de un grupo alemán de power pop bastante ñoño que más que calentar la pista de baile provocó una peregrinación masiva a la barra, Delorean consiguió volver a convocar a sus fieles alrededor del escenario al ritmo de ‘Seasun’, apertura del celebérrimo EP ‘Ayrton Senna‘. Ahora más que nunca, el recurrente “I would never be the same again” sonaba a hecho consumado. Progresivamente, primero con los sintetizadores y luego los bajos, alargando dulcemente los preliminares, el tren iba cogiendo ritmo y se iba adentrando en ‘Spirit’, primer tema de su nuevo disco. Si los hitazos rompepistas eran la seña de identidad de los anteriores trabajos de Delorean, ‘Apar’ abre la puerta a la reflexión, a la inspiración trascendental catalizada con sintetizadores y con un inusual peso vocal que en directo, eso sí, se ve mermado a favor de la batería y de los teclados.
Y así, con olor a té chai, el Delorean Express se dirigía a todo vapor hacia Darjeeling con ‘Dominion’, que se crece hasta lo obsceno en directo y que el público consagró como el temazo del nuevo disco a pesar de la deficiente calidad acústica. La sala se despertaba y se venía arriba para revisitar la plenitud disco de ‘Real Love’ y ‘Stay Close’ de ‘Subiza‘. La elección estratégica es intachable. Sólo ‘Dominion’ podía hacer de puente entre la madurez más calmada de ‘Apar’ y el ‘Subiza’ más enérgico sin suscitar el manido “cualquier tiempo pasado fue mejor”.
‘Stay Close’ se va transformando hasta convertirse en ‘Still You’, cierre del nuevo álbum. Bajaba el ritmo y el público respiraba hondo con otro tema del anterior disco, ‘Grow’, seguido de ‘Keep Up’, que nos llevó a un momento de bajona transitoria y expectación hasta que el grupo volvía a pisar el acelerador con ‘Destitute Time’, segundo gran highlight de la noche, que la sala supo agradecer con extravagancia coreográfica.
“¡Otra, otra!”, exigía el público en castellano. Delorean volvía al escenario con el primer y único bis, el temazo bailable ochentero de ‘Subiza’ ‘Come wander’. “¡Beste bat!”, se oía cuando ya se marchaban. Pero no, ni en euskera colaba la petición de clemencia. Después de un viaje de alrededor de una hora, el tren Delorean nos dejaba tirados en medio de la nada y con todo el calentón para seguir el periplo hacia latitudes escandinavas y luego cruzar el charco en el leg norteamericano de su gira. A nosotros nos hubiese gustado bajarnos en Deli. O en Shibuya Crossing.

Originalmente publicado en Je Ne Sais Pop el 23 de septiembre de 2013 http://jenesaispop.com/2013/09/23/delorean-hace-escala-en-berlin-con-apar/

jueves, 16 de febrero de 2012

Canciones desde Norteña

Mapa, itinerarios y puntos de interés para no perderse en el laberinto de monstruos y filias de Nacho Vegas

“Esto no es una salida”, reza un cartel en una puerta mientras Patrick Bateman almuerza regodeándose en la hipocresía y la bajeza moral en el capítulo final de American Psycho. “Esto no es una salida” es el nombre de un EP de Nacho Vegas, un homenaje a uno de los escritores que más le han influído, Bret Easton Ellis, y bien podría ser  una declaración honesta y sencilla de lo que no es su música.

El intrincado laberinto de músicas y letras de Vegas es más bien la entrada en las entrañas del monstruo, a los vericuetos de su autobiografía y de una experiencia que vaga entre los callejones llenos de jeringuillas y las avenidas del realismo mágico de Macondo, ahora llamado Norteña. “Esto no es una salida”, y el público queda invitado a entrar con la única y exigua luz de la poesía cruel, bárbara, contradictoria, desoladora con repentinos haces cegadores de humor y de fugaz optimismo. El laberinto queda delimitado con precisión por una fortaleza de ambigüedad capaz de hacer sus tribulaciones extrapolables al oyente. Por el laberinto deambulan, además, decenas de personajes que van merodeando entre las canciones de sus siete LP, ocho EP y también un libro, Política de hechos consumados –, creando un cosmos propio lleno de autorreferencias.

Nacho Vegas es un poeta, un trovador, un contador de historias, que se ha dejado influir por otros cantautores como Townes Van Zandt, Nick Cave, Guy Clark o Bob Dylan. También por escritores, como el ya mencionado Bret Easton Ellis o  la norteamericana Carlson McCullers. Su música se convierte en un pastiche posmoderno que mezcla la propia experiencia, con el personaje de aquel, la cita de éste otro o referencias a personajes de la vida pública. No en pocas ocasiones, ha ido más allá y ha elaborado una versión en español de alguno de sus temas como Miss Carrusel, de Town Van Zandt, o Anyhow I love you, de Guy Clark, que tiene su equivalente “vegasiano” en Nuevas Mañanas (El manifiesto desastre, 2008) o les ha robado impunemente la historia de alguno de sus personajes como en Baby Cat Face (Seis canciones desde el norte, 2001).

Dice que Historia de un perdedor (Cajas de música difíciles de parar, 2005) es la más autobiográfica de sus canciones no autobiográficas. Pero ésta no es la historia de ningún perdedor. Publicó su primer trabajo en solitario en 2001. Diez años después es un artista consagrado en el pop rock alternativo en España, también en América Latina, y es una figura de culto para miles de adeptos que abarrotan sus conciertos como fieles dispuestos a escuchar la gran revelación.

Ignacio González Vegas nació en Gijón (Norteña, en sus canciones) en 1974. Con dieciséis años comenzó a tocar en Eliminator Jr. La banda neoyorquina Sonic Youth no sólo inspiraron el nombre – Eliminator Jr.  es uno de los temas que conforman Daydream Nation, 1988) – sino su estilo, que va poco más allá de la experimentación ruidosa de la banda de Kim Gordon y Thurston Moore. Después formó parte de Manta Ray. Una noche, mientras escuchaba Bob Dylan, decidió dejarlo para comenzar su andadura en solitario. Era 1999 y lo justifica en Detener el tiempo (El manifiesto desastre, 2008): Y crecí tratando en vano de desentrañar todo lo que el miedo esconde. Y yo me hundía en el ‘Blonde On Blonde’ haciendo que los días me duraran mucho más (…). Y aunque el miedo se volviera a manifestar para entonces ya sabía que no me abandonaría, y entre libros y canciones un día pensé que tal vez el tiempo se podría detener. (…) Ahora escribo mis canciones y me refugio en, unas veces, cosas puras y, otras, las drogas más duras”.

Monstruos
Precisamente, las drogas en todas sus facetas ha sido uno de los temas más evocados en la obra de Nacho Vegas. Llegan disfrazadas de mujer “Blanca llega hasta a mi mente, jura que ella es diferente y es hermosa hasta en su forma de mentir. Quién sabrá lo que ella sueña, lo que siente y lo que enseña, la razón por la que permanezco fiel. Blanca eres tan cruel”(Blanca, Actos Inexplicables, 2001). “Y ahora si tiemblo de dolor, y si aúllo de dolor, y si ladro de dolor, y si ululo de dolor es por ti, Marilyn” (Mi Marilyn particular, Esto no es una salida, 2005).  Y otras veces llegan sin disfrazarse: “Sabe dulce esta nueche que nun termina. Sabe dulce ente’l fumo de la heroína” (La canción de la duermevela, Cajas de música difíciles de parar, 2006) o habla del “miedo a no poder llevar una vida normal sin la heroína, ese no recordar cuándo llevabas una mínima disciplina diaria y hacías cosas normales”(Las primeras noches sin vd, Política de hechos consumados, 2004).

Se justifica: “Anochezo y vuelvo a descansar en una nube gris, fumando sobre plata el terror que da vivir” (Mark Spitz , Cajas de música difíciles de parar, 2006). Y trata de salir de ello: “Día uno en pie, comienzo a andar; he de aguantar, lo puedo hacer. El día dos avanza hasta el final y llega el día tres, lo vuelvo a estropear. Así que vuelta a empezar” (Crujidos, El manifiesto desastre, 2008).  Y parece que lo consiguió, porque Vegas se ha subido a los escenarios para presentar su último disco, La zona sucia, con un aspecto que delata un proceso de desintoxicación exitoso.

Inevitablemente ligados a las drogas y al alcohol, aparecen las atmósferas sórdidas, los personajes oscuros y lamentables y otros que simplemente resultan patéticos y desdichados: “basta estar con ella diez minutos no en realidad tal vez necesites una noche para darte cuenta de que nadie la querrá jamás de que puede derrochar amabilidad y simpatía y sinceridad pero a nadie le importa eso un  carajo su cuerpo es  como una estación de servicio”, narra en Muñecos rellenos de serrín, uno de los relatos de Política de hechos consumados (Palmart, 2004) y que aparece fragmentado a lo largo de sus páginas. Las palabras fluyen sin respetar norma de puntuación alguna, angustiosas, claustrofóbicas, pestilentes, sobreexcitadas e imbuidas de espíritu beat.

El cajón de sastre de Política de hechos consumados es la piedra de Rosetta necesaria para entender los jeroglíficos de sus canciones. En él se dan cita memorias infantiles, obsesiones y desesperaciones, historias familiares, personajes prostituidos, relatos y poemas que parece hablar de todo y de nada. Todo ello forma un mosaico heterogéneo en forma de prosa, poesía e incluso teatro donde lo único que hay en común es que parece arrancado de la autoconciencia desolada que se remueve en lo más profundo del autor. 

El sexo, presente en muchas de sus páginas, es una experiencia grotesca, abominable y repugnante que a menudo el protagonista del relato usa como medio para conseguir droga –justificación más primaria –y emponzoñarse un poco más en el pesimismo vital –su verdadera motivación, el puente entre la decadencia interna y la realidad –. En la aventura en el Barrio Rojo de Ámsterdam que cuenta en el cabaretero tema con el explícito título de Gang-Bang (Cajas de música difíciles de parar, 2006) reafirma su predisposición voluntariosa a dirigirse como un kamikaze hacia lo más bajo: “Y si viviera una vez más, ¿me volvería a equivocar otra vez? Sí, no te quepa duda, hasta la locura y hasta el dolor”.

La culpabilidad le da aguijonazos mientras tanto: “Habré de llegar a la conclusión de que no hay un ser más culpable que yo, ni lo habrá, sobre la tierra” (En la sed mortal, Cajas de música difíciles de parar, 2006) y comienza a enumerar, inspirado en el Thirsty Dog de Nick Cave, una retahíla de disculpas absurdas algunas, otras tremendamente agrias. Y, sobre todo, zumba el autodesprecio: “Podrías pensar que no me volverás a ver, que en tu vida ahora soy bienvenido igual que un recién nacido subnormal, que un cáncer en la flor de tu vida. Podrías pensar algo así y pensarías bien” (Cosas bien hechas, Esto no es una salida, 2005).

Uno de los grandes misterios resueltos en Política de hechos consumados es el de El Ángel Simón. En el primer disco del cantante asturiano, publicado en 2001, aparecían unos explícitos versos que, aunque necesitados de un contexto, dejaban entrever una historia demasiada cercana: “Dondequiera que ahora te estés pudriendo, sólo quiero que sepas que ya no te tengo miedo, que ahora estoy cansado y sólo tengo miedo de mi propia vida. Y que sé que lo tendré toda la puta vida, decida lo que decida” que ha dejado heridas difíciles de cerrar “Y seguir con mi camino y seguir con mi sangre y mi voz, mi estúpida voz, aunque, padre, no soy como usted. Y mi meta es llegar a ser alguien, en fin, que se puso a vivir y consiguió ser amado en la tierra y morir” (Penúltimo anhelo, El género bobo, 2009).  Relatos como el homónimo El ángel Simón, El colchón y Figuritas humanas ponían en su lugar la tétrica historia narrada en Actos inexplicables y confirmaba que Vegas hablaba de su padre, que murió en 1994 con 48 años, “solo y completamente arruinado”, después de haberse separado de su esposa y haberse dado al alcohol, y dejando únicamente un colchón manchado de sangre que ha sido motivo recurrente en varias canciones y relatos del artista.

Filias
El amor, y sobre todo el desamor, también tienen una gran presencia en las letras de Vegas, como en todo cantautor que se precie. Se le han conocido dos amores: la también asturiana Beatriz Concepción, guitarrista de Nosoträsh, y la cantante Christina Rosenvinge, con la que editó un disco. La relación con esta última no sólo fue especialmente fructífera (para ambos) en lo artístico, lo comercial y lo lírico, sino que además ha alimentado copiosamente a los cotillas ávidos de chismes. Y no toda la culpa fue de la crónica rosa. Se desconoce cuándo y cómo comenzó y terminó el gran idilio pero entre El manifiesto desastre de Vegas y el Tu labio superior (2008), de Rosenvinge; entre La zona sucia y La joven Dolores (2011), se lanzan dardos que más de uno ha querido descifrar. Canta Nacho: “Y emprendiste así tu huida y yo corrí a mi habitación y mezclé en una cuchara el polvo blanco y el marrón. Y con la sangre aún resbalando te llamé desde ese hotel: ‘Por favor, entiende que algo no funciona en mí muy bien’. Y al otro lado te oí llorar y yo seguí y no colgué, y me suplicaste: “Déjame de una vez, déjame de una vez” (Morir o matar, El manifiesto desastre, 2008). Y canta Christina: “Esa señorita que rima conmigo que te ronda siempre alrededor. Es tu favorita, te lleva consigo y te gusta más que mi canción. Tu llave está en la recepción, ya es de madrugada, pongo la televisión, espero tu llamada. La evidencia en gotas cae por mi jersey de Prada, la lección que ya aprendí siempre es olvidada” (La distancia adecuada, Tu labio superior, 2008). No cuesta imaginar que la señorita que rima con Christina es la heroína y que ella es la gran culpable del drama alojado en esa habitación de hotel.

Canta Nacho tres años más tarde: “Me decías: ‘Lo que media entre tú y tu soledad es un trecho que no puedo abarcar’. Yo me pregunté a mí mismo, sólo a un paso del abismo, cómo voy a vivir cuando te canses de mí” (Cuando te canses de mí, La zona sucia, 2011). Y canta Christina: “Lo llaman ruptura, pero es desgarro. Adoro tus encantos pero me voy de aquí. El abismo es un lujo que no puedo permitir” (Weekend, La joven dolores, 2011).

Exhibicionismo, podría ser. Pero no parece que sea una maniobra barata de publicidad y autobombo. Vegas ha tratado siempre de mantenerse al margen de los cauces más comerciales y de la burda complacencia del mercado. En el mismo EP en el que aparece un tema titulado N.V. contra la industria discográfica, aparecen estos versos: “Con todas estas páginas he construido mi mansión en una zona alta de la ciudad, soleada y residencial. Me llegó a ofrecer –y era una ganga –mano de obra infantil cierta gran multinacional. Claro, yo la rechacé (…) Y se oyen voces que hablan de desahucio y sé que quieren derribar mi humilde mansión. Al parecer pretende abrir aquí una nueva boutique un tal Louis Vuitton”. (Canción de Palacio #7, Canciones desde Palacio, 2006). El EP lo publicaba Limbo Starr, un pequeño sello madrileño con buen tino a la hora de elegir a sus fichajes que ha amparado la obra de Nacho Vegas desde que comenzó su andadura en solitaria en 2001 hasta en 2009. Dos años después, La zona sucia vería la luz bajo el sello de Marxophone, una iniciativa para autoeditarse del propio Vegas, Refree y Fernando Alfaro surgida del cuestionamiento de la necesidad del sello discográfico y la voluntad de retomar las riendas del proceso de elaboración del disco.

Con este nuevo proyecto, la carrera de Nacho Vegas sigue creciendo y bifurcándose por nuevas sendas, llegando a nuevos públicos. No, no es la historia de ningún perdedor. “Fracasé una vez, fracasé diez mil y aún así alzo mi copa hacia el cielo en un brindis por el hombre de hoy y por lo bien que habita el mundo”. Y brindamos. 

jueves, 15 de julio de 2010

Morcheeba en Madrid: entre la narcosis y el éxtasis

Blue Skye (Foto: Juan Hernández)
La banda presentaba su nuevo álbum, Blood like lemonade, que quedó en el segundo plano de un repertorio que se apoyaba en la fuerza de sus hits de los noventa

La última vez que Morcheeba pisó el escenario de la sala Heineken, allá por mayo de 2008, Skye Edwards, quintaesencia del grupo de trip hop, no acompañaba a los hermanos Godfrey. En 2003 decidió que era hora de desarrollar su carrera en solitario: dos discos que han pasado discretamente por las listas de ventas. Quizás por eso, esta vez, Skye sí estaba en una Sala Heineken abarrotada, dispuesta a manejar al público hasta la euforia al igual que había hecho la noche anterior en la Apolo de Barcelona, con un setlist idéntico.


La banda venía con un tour amparado en el lanzamiento de su último disco, Blood like lemonade. Pero se quedó en excusa: las canciones del nuevo disco ocuparon menos de un tercio de su repertorio. Morcheeba arrancaba con un tema de su primer disco, Moog Island. ¿Venían a reivindicar sus primeros tiempos? Un tema de tempo lento, sugerente, que servía a Skye para regodearse en la cadencia de su voz y de sus movimientos, mientras luces azules y verduscas la envolvían a ella y a la sala, que se sumía en un estado catárquico. The music that we make will heal all our mistakes and lead us. The music that we hear is always standing near to feed us , susurraba la londinense. Continuaba la narcótica Friction, de su segundo álbum, con el que Morcheeba flirtea con el reggae. Ejecutarían dos temas más de sus viejos tiempos, hasta que se decidieron a hacer sonar el nuevo álbum. Y lo hicieron con Even though a la que seguiría la célebre The sea. “Voy a bucear entre vosotros. ¿Podéis fingir que sois mis olas?”. Y toda la sala se fundió en una masa ondeante e indisociable que se plegaba a los deseos de Skye.

Y así seguiría el resto de la noche. Tema a tema, la banda estrechaba el vínculo con su público hasta llegar a la complicidad del patio del colegio: Skye azuzaba a sus discípulos a cantar o saltar según estimaba pertinente, irradiando esa condescendencia tan desafortunada e irritante de los grandes de la música popular. La simbiosis alcanzaría su punto álgido en Beat of the drum, un tema muy pop, de contundente estribillo, menos electrónico que los anteriores de su nuevo álbum. La banda tenía que vender los nuevos temas que todavía no hacían vibrar como sí lo conseguían sus hits noventeros, y lo consiguió convirtiendo al público en los coros. También fue capaz de convertir la Heineken en una fiesta al ritmo de Be yourself, ya en los bises. La mediación de Skye para levantar a la sala no haría falta en el cierre del concierto: Rome wasn’t built in a day, uno de los temas que han encumbrado a la banda como referentes del trip hop donde Skye supo sacar toda la potencia de su voz, hasta entonces más sugerente. Eso sí, se fue sin despedirse mientras la banda acababa el trabajo. 

domingo, 6 de junio de 2010

HURTS o la vuelta del Synth Pop

[Publicado en Ociozine el 6 de junio de 2010]

El dúo de Manchester se presenta con un single de debut que remite a la electrónica ochentera de los New Romantics

Está en los escaparates: sobrecamisas vaqueras, camisetas cortadas y estampados de leopardo. Quizás también en las peluquerías, aunque por fortuna aún no campen las mullets a sus anchas en los cueros cabelludos más nostálgicos. Vuelven los ochenta, y parece que la música no se desliga de la tendencia. Y así parece confirmarlo la nueva apuesta de Sony Music : Hurts; un dúo masculino procedente de Manchester que se presenta trajeado, repeinado con una estética muy vintage pero con un sonido marcadamente ochentero.

Better than love, avanzadilla del álbum debut de Hurts, cuyo lanzamiento se espera para agosto, es un corte que remite a los New Romanticsde Spandau Ballet o Eurythmics  y su épica disco-dance salpicada de purpurina. Theo Hutchcraft, con una voz que remite directamente a la de Midge Ure de Ultravox, se desenvuelve elegantemente sobre los sintetizadores de Adam Anderson, ahondando en un sonido con vibraciones de los INXS más tardíos. Tampoco hay que irse muy lejos para comparar su sonido con fenómenos recientes:  The Killers  ya se han paseado por este filo con espléndidos resultados en las listas de éxitos. 

Aunque el sonido de Hurts, sin ningún disco editado, llega con cuentagotas, los británicos aparecen en el recopilatorio de este año del sello  Kitsuné (Kitsuné Maison Compilation 9) con Wonderful Life remezclada por Arthur Baker, single que también se ha editado en vinilo.

lunes, 17 de mayo de 2010

Oasis in memoriam

 [Publicado en Ociozine el 17 de mayo de 2010]


Time Flies recopila la trayectoria de la ya extinta banda británica

El tiempo vuela. Que se lo digan a Oasis: quince años de discos, con algún single que se ha convertido casi en himno generacional (y sin el casi), de giras, de idas y venidas, de polémicas y comentarios chulescos, desafortunados e intencionales, de peleas fraternales, casi fratricidas… Tan fratricidas que una de ellas acabó con el grupo en 2009. Pero aunque los desencuentros entre Liam y Noel Gallagher hayan acabado con la trayectoria de Oasis como banda, tampoco hay tiempo para el luto: el 15 de junio se lanzará Time flies… 1994-2009, recopilatorio que recordará quiénes han sido estos británicos de trenca y gafas redondas que quisieron retomar la estela de los Beatles.

Desde el comienzo de Oasis con Supersonic hasta su último lanzamiento Falling Down, el álbum contiene 26 canciones extraídas de siete albumes que fueron consecutivamente nº1. Además, se editará una edición de lujo de Time Flies… 1994-2009, que añade 36 vídeos nunca publicados, algunos en versiones diferentes para Reino Unido y Estados Unidos, y el último concierto grabado por Oasis el 21 de julio de 2009 en The Roundhouse de Londres.

jueves, 13 de mayo de 2010

ELECTROSHOCK

[Publicado en Ociozine el 13 de mayo de 2010]

Rosvita y Retribution Gospel Choir descargan electricidad en la Moby Dick

Apuesto a que las paredes de la sala Moby Dick siguen vibrando, igual que aún no se han recuperado mis tímpanos. Mientras Madrid ardía por la victoria del Atlético, el escenario de esta pequeña sala echaba chispas. Inauguraba la jornada la verbena lisérgica de los madrileños Rosvita: pura electricidad disonante, ruidosa, generadora de ritmos que oscilan en un terreno inclasificable entre lo transgresor, lo chabacano y lo siempre desconcertante. Mientras Nacho Vera, ataviado cuán jugador de fútbol glam aporreaba la batería y voceaba, Manuel Campos hacía lo propio en los teclados mientras el público respondía moviendo con gesto afirmativo la cabeza y con el pie derecho daba toquecitos a un suelo que casi quemaba de pura energía, un signo inequívoco de complacencia cuando la media de edad de la sala supera, con un par de decenas de años, la adolescencia. 

Rosvita descargaba uno tras otro temas epilépticos, descarados e irreverentes con una energía fulminante, procedentes de sus tres discos: los autoeditados Rosvita (2003), Podrida Ser  (2006) y el recientemente estrenado Grandes Tormentos.  Eso sí, cerraron con la pesadumbre de Perro Mono. Se trata de lo más parecido a una balada de su último álbum, Grandes Tormentos (Everlasting Records). Un tema que juega con las pretensiones de sonar sentido, emotivo, una lírica surrealista adornada con los gemidos onomatopéyicos de Nacho. Soy el perro mono, que amenaza a tu fiesta; soy el perro mono, el que enciende la feria; soy el perro mono y te quiero morder, gimoteaba. Un tema altamente caricaturesco, altamente kitsch, altamente Rosvita, que venía a encarnar su espíritu de mofa, de distanciamiento con las corrientes dominantes. Y un tema que ponía la guinda a un atropello fresco, desenfadado, que se opone a la altanería de tantas otras bandas que se piensan adalides de la transcendencia espiritual, el sentimiento y la epopeya cuando en los tiempos de MySpace, eso no significa la diferencia.

Tras la mordida furibunda de Rosvita, llegaba el vapuleo de Retribution Gospel Choir. La puesta en escena de los de Minnesota era, exactamente, el negativo de Rosvita.  Los tres miembros, Alan Sparhawk, cantante de Low, a la cabeza, salían de negro riguroso, elegantemente vestidos, dispuestos a pisar los pedales con sobrios zapatos de piel. Sólo el pelo largo del batería, Eric Pollard, y los pantalones de cuero del bajista, Steve Garrington, dejaban vaticinar la descarga de rock que se avecinaba.  Si algún despistado esperaba encontrar ecos de Low en la simbiosis de estos tres músicos: el nuevo proyecto de Sparhawk mantiene la intensidad, sí, pero no la canaliza en la suavidad, la delicadeza, las melodías lentas y minimalistas (o lo que los entendidos etiquetan como slowcore) que han hecho de Low un referente internacional del pop. 

El proyecto paralelo de Sparhawk descarga furia a guitarrazos. Los norteamericanos tomaron la electricidad de Rosvita en su primer concierto en España, que inaugura una lista de hasta once fechas. Sus ejecuciones, a diferencia de Rosvita, se desarrollaban de una forma mucho más ordenada en lo que a estructura se refiere, aunque de vez en cuando se dejaran llevar por eternas improvisaciones que rallaban lo psicodélico, como en el caso de la sombría Poor man’s daughter, pura fuerza que encendió al público. Alan se desgañitaba con gesto ardiente, movimientos rígidos y dejaba un reguero de sudor a su paso; humedad que daba buena cuenta de la ardor que estaba dejando en la tarima.  El batería no se quedaba corto: los golpes que asestaba dotaban a todos los temas de la contundencia del rock duro. Momento protagonista tuvo en el inicio de White Wolf junto a las guitarras distorsionadas de Alan hasta que se decidieron a arrancar el tema, que a ratos recordaba a los estribillos de Foo Fighters o Black Rebel Motorcycle Club, al igual que For her blood. Momento especialmente luminoso se vivió cuando ejecutaron el tema que abre su segundo y último disco, 2: Hide it away, aclamadísimo por toda la sala.  Con Electric Guitar parecieron disminuir el tempo pero, falsa alarma, porque de nuevo el corte era una gran excusa para un final infinito de rock acelerado y de comunión musical entre el trío americano.  Comunión, también, con el público, solo posible en salas de aforo reducido donde el grupo toca casi a ras de suelo, humanizándolo y devolviéndolo a lo terrenal. Un lujo.

martes, 4 de mayo de 2010

Bunbury, Vetusta Morla y Annie B Sweet en el nuevo recopilatorio de Zoé

 [Publicado en Ociozine el 4 de mayo de 2010]

Los mexicanos publican nuevo álbum y presentan una minigira que les llevará por seis ciudades españolas

Los medios mexicanos no hablaban de Zoé hace diez años. Pero concierto a concierto, primero reuniendo en grupo nutrido de fans y luego llamando la atención de las radios locales se fueron haciendo un hueco en el mundo de la música. Editaron con un sello independiente su primer álbum, y sedujeron a Sony, que les pondría bastante más fácil la conquista de América Latina haciéndose cargo de su distribución.

Desde entonces, se han sucedido los reconocimientos en su carrera: Mejor Artista Rock en los premios MTV Latinoamérica de 2009, Mejor Artista México de los 40 Principales en 2009 además de otras nominaciones en los MTV o Grammy Latinos. Sin embargo, durante toda esa trayectoria no han terminado de llegar al público español.
Por eso, los mexicanos han saltado el charco para presentar 01-10 , 17 temas seleccionados de entre cuatro álbumes y un EP que irá acompañado de una mini gira española que llegará hasta seis ciudades: ya pasaron el 29 de abril por Barcelona y estarán el 8 de mayo en Bilbao, el 13 en Zaragoza, el 14 en Valencia, el 15 en Jaén, y el 4 junio en Madrid (Festival Rock in Rio).

Este recopilatorio se presenta con cuatro cortes en los que colaboran artistas españoles, protagonistas en el panorama nacional. “Se trata de tender puentes” , explicaba el guitarrista, Sergio Acosta, en la rueda de prensa de presentación del álbum, en la embajada de México en Madrid. “La colaboración con Bunbury, pero también con artistas jóvenes como Dorian, Vetusta Morla trata de tender puentes entre públicos. Que nosotros toquemos aquí, que ellos toquen allí, que nos conozcan y les conozcan” .

Efectivamente, los mexicanos podrán aprovecharse del éxito y reconocimiento que estos talentos nacionales han cosechado en los últimos años. Vetusta Morla, precisamente, podrían sentirse identificados con los mexicanos cuando hablaban de la clave de su éxito, la persistencia: “Muchos tiran la toalla después de diez años”, pero hay que continuar siendo autocríticos, detallistas” . De esto saben los madrileños, que tras nueve años lograron publicar su primer LP en 2008, autoeditado: Un día en el mundo. Los madrileños se recorrieron toda España presentando sus temas, y en cuatro de estos conciertos, fueron teloneados por Zoé, embrión de la colaboración de este álbum, titulada Veneno.

La contribución al álbum de uno de los más veteranos del rock español, el ex Héroe del Silencio Enrique Bunbury viene de lejos, concretamente de 2004, cuando español y mexicanos se conocieron en el teatro Metropólitan de México en 2004, durante la gira “Viaje a ninguna parte”. Y el contacto ha tomado forma en Nada, single de este 01-10, vídeo promocional incluído.

También participan la últimamente omnipresente malagueña Annie B Sweet en Poli y catalanes Dorian, en Vía Láctea. Corazón atómico es el corte de la aparición estelar de Tim Burgess, cantante de The Charlatans.

Tras la gira, León Lárregui (voz), Sergio Acosta (guitarra), Ángel Mosqueda (bajo), Jesús Báez (teclados) y Rodrigo Guardiola (batería) ya están trabajando en su nuevo álbum que podría lanzarse para finales de este año o 2011 y que también podría contar con alguna colaboración sorpresa, según han dejado caer en la rueda de prensa.